
Pánico. Si a veces cuesta describirlo, pero desde las 6:45 la noche del 15 de agosto del 2007 sin duda será más fácil. Simplemente evocaremos a esa oscura sensación que se desencadenó en todos desde el momento que se empezó a sentir como la tierra nos hacia ver lo insignificantes que somos los seres humanos. Entonces recordaremos ese ineludible sentimiento que, ante lo prolongado del movimiento telúrico, obligó a muchos a actuar irracionalmente. Como si se tratara de un interminable preludio del tan anunciado fin del mundo.
Es verdad, fueron sólo dos minutos, pero para los que vivimos esa experiencia fueron 120 segundos, y es más, fueron 7200 milésimas de segundo. Parece increible para el que no vivió nunca esa experiencia y quizá hasta resulte inverosímil y jocoso, pero para el que estuvo atrapado sobre aquel indescriptible movimiento, fue toda una eternidad que solo se puede describir con una sola palabra: Terror. Es que esos dos minutos de sismo dieron tiempo para todo: para esperar a que pase el terremoto, para recordar que no se debe correr y estar cerca a las ventanas, para olvidar todo lo anterior y buscar desesperadamente la forma más adecuada de alcanzar las calles, para imaginar a los familiares y amigos en la misma situación de angustia o pensar en aquellos seres que amamos, que estan lejos y que en algún momento imaginamos que no volveremos a ver nunca más; para intentar llamarlos y, al no poder comunicarnos con ellos dejarnos atrapar irremediablemente por el miedo.
Lo peor es que el pánico parece haber quedado instalado, y todo indica que será así por algún tiempo. Nunca vi a tantas personas en la calle, habia gritos por todos lados, desesperación, llanto. El cielo se iluminó como un gran flash y luego todo quedó en las tinieblas, las luces de algunas partes de la ciudad se apagaron por completo y el sonido aterrador de la tierra moviendose, de los postes de luz que se venian abajo, de los vidrios de los edificios y casas aledañas rompiendose, de los automóviles chocando entre sí, hicieron que el pánico colectivo aumentara hasta el punto de hacernos creer a muchos en el verdadero fin del mundo. Otros pensaron que el terrorismo había regresado y que el apagón general fue por alguna torre que algún terrorista habia traido abajo mediante las tan comunes bombas a las que estabamos acostumbrados.
Lo cierto es que ese resplandor, fue producido por colapsos de torres de energía eléctrica en el sur de Lima, que se vinieron abajo debido a la fuerza del movimiento telúrico. Cuando las cosas se calmaron y vimos que aún teniamos vida, nos acordamos de Dios, incluso aquellos agnósticos que elevaron un agradecimiento al cielo por saberse sanos y salvos y a la vez elevaron una plegaria a la espera que sus familiares y a igos hayan tenido la misma suerte.
Fue así que nuestra ciudad, aún desconociendo el origen del terremoto, se puso inmediatamente en marcha hacia sus hogares, todas las oficinas y centros de trabajo cerraron, nadie quedaba dentro de alguna casa o edificio, los autos invadieron las autopistas creando el caos vehicular que duró varias horas, todo el mundo tratando de ir a sus hogares, nadie podia comunicarse por teléfono, las redes de comunicación habían colapsado, las calles se volvieron inseguras y el tráfico deseperaba aún más a la población. Demoré mas de dos horas para llegar hasta mi casa en un tramo que hago generalmente en 30 minutos, los medios de transporte colectivo estaban revalsando, la gente viajaba apretada y hasta con medio cuerpo afuera en muchos casos. Los taxis completamente acaparados, los semaforos dejaron de funcionar y la policia no se daba abasto para cubrir el gran problema vehicular que se generó. Fue así que aproximadamente a las 8:00 de la noche, mientras todos trataban de volver a sus casas con la angustia en carne viva que se produjo otro movimiento, no tan desastrozo como el primero, pero que trajo mucho más miedo en las personas. Esta vez si reconozco que imaginé que se acababa todo en ese momento y que no volvería a ver a aquellas personas que más amo, y recordé a todos, como estoy seguro que muchos hicieron. Dicen que cuando estas a punto de morir toda tu vida pasa ante tus ojos como un flash de recuerdos. Nunca creí en eso hasta ese momento y una lágrima escapó de mis ojos pensando que no volvería a ver a mi padres, a mi hermano que estaba lejos, a mi sobrino que amo con todas mi fuerzas como si fuera mi hijo, a mis amigos, a la que pensaba seria mi futura esposa; todo pasó delante mio en un segundo de silencio que se rompió con los gritos y la desesperación de todas las personas que estaban en las calles y dentro del bus que me transportaba.
Juro que fue interminable llegar hasta mi casa, como lo fue para cada persona aquella noche. Cuando el segundo movimiento habia pasado, los llantos cesaron y la solidaridad se instaló entre las personas, cada uno aterrado por la idea de que algo le pudo pasar a su familia pero tratando de ayudar a mantener la calma en todo momento. Eso me hizo sentirme más orgulloso de ser peruano, somos un pueblo tan golpeado y sin embargo aún existe entre nosotros algo la solidaridad en estos casos.
Los primeros reportes de noticias empezaron a escucharse por las radios de los autos y buses, todo el mundo estaba al tanto de la noticia. "El terremoto se originó en Ica, la ciudad de Pisco esta completamente destruída", un terremoto de 7.9 grados en la escala de Richter y otro de 6.0 grados sacudieron nuestro país, el epicentro se produjo en una ciudad cercana a la capital y hasta el momento se estima que hay un aproximado de 155 muertos. "¡Dios Mio!, pobres personas"; dijeron algunos... "Mi familia esta allá", dijeron otros; "Sigo con vida, sigo con vida", fue el grito colectivo que interiormente sentimos. Aunque las noticias no eran alentadoras puesto que especialistas dijeron que los movimientos continuarían seguramente toda esa madrugada y por varios días. Las calles estaban llenas de gente que habia sacado algunas mantas y sillas para permanecer seguras fuera de las estructuras de sus casas ya que los movimientos continuaban. En menor grado, pero continuaban. Nadie durmió esa noche, con seguridad el insomnio disputó con las pesadillas el primer lugar en las secuelas del miedo.
Cuando llegué a casa, mi madre llorando por verme sano y salvo, y mi padre con el celular en la mano tratando de comunicarse conmigo corrieron a abrazarme. ¿Cómo está el bebé?, pregunté inmediatamente, y ante la respuesta de que se encontraba sano y salvo, y luego de lograr comunicarme con mi novia que estaba en otra país, pude finalmente relajarme y sentirme más tranquilo. Durante la madrugada la tierra seguia temblando, todo el mundo estaba alerta para salir si es que se producía algún movimiento fuerte. La radio fue el unico medio de comunicación en muchos casos, por medio de ella nos informamos de todo lo que sucedió. Ica habia sido destruida y hasta la fecha hay mas de 500 muertos, miles de heridos y mas de 16,000 familias afectadas. Sólo en la madrugada del 16 de agosto se han producido hasta la fecha 347 sismos de menor grado, sin incluir el que se produce en este mismo momento, siendo la 1 de la mañana del 17 de agosto, mientras escribo este informe. Parecen cifras sacadas de la imaginación, pero lamentablemente son ciertas.
Es cierto que nuestro país es un lugar hermoso, el más bellos que existe en todo el mundo y lo digo con orgullo, no existe un país mas hermoso que el Perú, pero no nos hemos dado cuenta aún que tenemos grandes fallas de seguridad que espero sean corregidas inmediatamente. Perú es una país sismico por naturaleza. Eventos parecidos han venido ocurriendo desde tiempos ancestrales, incluso aquel terremoto del 31 de mayo de 1970 que sacudió al Perú y dejo una cifra macabra de 66,000 muertos no fue tan fuerte (en la magnitud del temblor) como la que vivimos este 15 de agosto. Es cierto que esa vez toda una ciudad fue sepultada por un alud de piedras y barro que se desprendió de uno de los andes peruanos y que las zonas más afectadas fueron precisamente aquellas que estaban cerca a nuestra cordillera. Es cierto que ahora la zona afectada fue más costera, pero a mi parecer hemos aprendido a hacerle frente a esta fuerza natural que nos asota cada cierto tiempo y eso me hace sentir más tranquilo y seguro.
En el sur del país los destrozos fueron descomunales; en el norte, los maretazos llegaron hasta los 5 km de longitud; en el centro y la capital el pánico fue inmenzo y las destrucciones y pérdidas humanas fueron mas pequeñas en proporción, pero lo cierto es que TODO nuestro país tembló este 15 de agosto, sin exageraciones, puesto que hasta nuestros paises vecinos sintieron secuelas de este terremoto.
Quiero dejar también aquí el profundo agradecimiento a todos los países que mostraron inmediata solidaridad y ayuda a mi patria. Países como España, México, Francia, Rusia, estados Unidos, Panamá, Colombia, Brasil, Bolivia, Argentina y hasta Chile, del cual debo reconocer, tenía un profundo resentimiento. A todos ellos, a nombre de mi país les doy las gracias por las demostraciones de afecto y unión en este momento tan triste y de gran angustia.
Antes de terminar con este pequeño relato de lo sucedido, quisiera decir que si algo es seguro con respecto al pánico, es que consigue que los seres humanos se vuelvan a sentir vulnerables, y gracias a ello recuperar buenas costumbres que se vienen perdiendo en todo el mundo. Por eso tantos rezos y lágrimas implorando bienestar, por eso tanta desesperación por volver a casa, por saber de los suyos, por abrazarlos con todas sus fuerzas, por eso el espiritu solidario de ir en la ayuda del que nos necesita, por eso la extraña sensación de sentirse sobreviviente y el alivio de poder narrar ahora lo insignificantes y vulnerables que somos los seres humanos ante un mundo que no cuidamos y que parece estar cansado de los maltratos y descuidos que día a día le hacemos.
Escrito por: Willie Cerdán
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Las imágenes que verán ahí son impactantes y y pueden llegar a dañar suceptibilidades, así que recomiendo que no sean vistas por niños.