jueves, julio 05, 2007

Poema a un fantasma

Paren todos los relojes, corten el teléfono. Eviten que el perro ladre, que las sirenas de los automóviles callen. Silencien los pianos y, con un sonido suave traigan el ataúd, dejen venir a los deudos. Permitan a los aviones dar círculos en lo alto escribiendo en el cielo el mensaje: ¡él amor está muerto!. Coloquen flores en su tumba y una canción en el cielo, permitan que su recuerdo los acompañe siempre y el sonido de su voz esté presente. Ella era mi norte, mi sur, mi este y mi oeste. Mi semana de trabajo y mi domingo de descanso, mi mediodía, mi medianoche, mi conversación, mi canción; Pensé que el amor duraría para siempre... ¡me equivoqué!. Ahora no se necesitan las estrellas, sáquenlas todas; Llévense el eclipse que una vez me regaló y desmantelen el sol; Vacíen el océano y limpien el fondo, borren sin piedad su recuerdo; Pues ahora nada podrá ser como antes, pues ahora todo terminó,
el sueño al fin se acabó.

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